Holland City Tours
Holland City Tours

← Todos los artículos

Blog

Por qué La Haya no es la capital de los Países Bajos

29 de enero de 2026 · por Robin Lenskens

El Binnenhof y el Mauritshuis en La Haya. Fuente: Beeldbank Den Haag

Para muchos visitantes extranjeros, los Países Bajos pueden resultar confusos a primera vista. Nuestro parlamento, el Senado, los ministerios, el Tribunal Supremo y el palacio donde trabaja el rey están todos en La Haya, y sin embargo las guías y los mapas señalan siempre Ámsterdam como la capital. Las guías no se equivocan, pero esto suele despertar preguntas entre los visitantes. Veamos qué pasó.

La Haya, una especie de capital

La Haya es un caso único en la historia urbana. A diferencia de muchas otras ciudades neerlandesas, La Haya no nació como una ciudad medieval de comerciantes o pescadores, sino como un centro administrativo. Todo porque el conde de Holanda decidió construirse una especie de residencia de recreo en medio de la nada, ya que le gustaba cazar en los bosques de los alrededores. Hablamos de mediados del siglo XIII. Aquel conjunto palaciego pasó a conocerse como el Binnenhof.

Como se puede imaginar, cuando el hombre más poderoso de Holanda instala un palacio en algún lugar, atrae a todo un séquito de nobles oportunistas, comerciantes y campesinos. Pronto surgió un pequeño núcleo, conocido al principio como Die Haghe, que en neerlandés antiguo significa «el coto de caza».

Durante siglos, los condes de Holanda gobernaron desde el Binnenhof, que poco a poco se convirtió en la sede del gobierno regional y, más tarde, nacional. La Haya era el lugar donde se ejercía el poder. Curiosamente, sin embargo, no recibió derechos de ciudad, ni por tanto el derecho a levantar murallas, porque eso no interesaba a los condes de Holanda.

Más tarde, cuando surgió la República de las Provincias Unidas a finales del siglo XVI, la situación política cambió. Holanda se convirtió en la más poderosa de las siete provincias unidas dentro de una república confederal, donde el poder político residía en las ciudades, las provincias y sus representantes en los Estados Generales, que se reunían en el Binnenhof de La Haya.

Ámsterdam era con diferencia la ciudad más rica e influyente, pero precisamente ese dominio la hacía políticamente delicada. Convertir Ámsterdam en la sede del gobierno habría dado a una sola ciudad una influencia desproporcionada sobre la república. La Haya, sin una clase mercantil poderosa, se veía como un lugar más neutral para gobernar. Permitía a los estadistas y representantes deliberar lejos de la presión del comercio.

El periodo francés

El concepto moderno de capital apareció relativamente tarde en la historia neerlandesa. En 1806, durante el periodo francés de nuestra historia, Ámsterdam fue declarada capital del «Reino de Holanda». Lo hizo nuestro primer rey de verdad, el extranjero Luis Bonaparte, al que había colocado en el trono su hermano mayor, el emperador autoproclamado.

A Luis le gustaba más Ámsterdam que La Haya, más pequeña, porque encajaba mejor con un rey de su categoría. Solo le faltaba un palacio a su altura en Ámsterdam, así que decidió confiscar el ayuntamiento de la ciudad, símbolo del poder y el orgullo ciudadanos del siglo XVII, y convertirlo en palacio: el actual Paleis op de Dam.

Al mismo tiempo, nadie tenía ganas de trasladar todo el aparato del Estado a Ámsterdam. La Haya ya albergaba las instituciones, los archivos y el cuerpo diplomático necesarios para dirigir el país. Trasladarlos habría sido caro e innecesario.

Un compromiso duradero

Por suerte, al final nos libramos de los franceses, y en 1815 se fundó oficialmente el Reino Unido de los Países Bajos, que por entonces incluía incluso Bélgica. Era el momento, dirá usted, de devolver el palacio a la ciudad de Ámsterdam y declarar oficialmente La Haya capital del país. (A decir verdad, Bruselas habría tenido más sentido en aquella época, pero ese no es el tema de este artículo.)

Sin embargo, los habitantes de Ámsterdam no querían recuperar su antiguo ayuntamiento. Habría hecho falta mucho esfuerzo y dinero, y además, pensaban, estaría bien tener un palacio real en la ciudad.

Al final, la Constitución neerlandesa confirmó Ámsterdam como capital oficial y permitió que el gobierno, el parlamento y los ministerios siguieran en La Haya. En lugar de concentrar todo el poder en una sola ciudad, el país mantuvo una clara división entre la capital simbólica y el centro político.

Hoy, esto hace que La Haya sea muy distinta de Ámsterdam. En lugar de grandes canales construidos con la riqueza de los comerciantes, encontrará plazas tranquilas, edificios gubernamentales y residencias reales que siguen en uso.

Por qué importa al visitante

Que La Haya no sea la capital lleva a veces a los visitantes extranjeros a subestimarla. Pero entender esta diferencia ayuda a explicar por qué la ciudad se siente distinta: más sobria, algo más formal y, a veces, más elegante que Ámsterdam.

Recorrer La Haya con un guía local que la conoce a fondo da vida a todas estas capas. Por qué el gobierno está aquí, cómo el Binnenhof lleva siglos funcionando sin interrupción y cómo la diplomacia internacional ha dado forma a la ciudad no siempre salta a la vista cuando uno pasea solo.

Para los viajeros interesados en la historia, la política y la cultura neerlandesas, La Haya ofrece claves que ninguna otra ciudad de los Países Bajos puede dar.

Más sobre La Haya →

Más artículos

¿Listo para conocer los Países Bajos con un guía privado?

Ver nuestros tours →